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Temas de Reflexión

Esta sección contiene historias, fábulas, cuentos que de alguna manera nos hacen pensar.

Fueron tomadas de aquí y de allá, no nos atribuimos autoría alguna, solo están aquí para que las disfruten, y esperemos que siga creciendo con el aporte de todos. Si tienes una historia que te conmovió especialmente, contacta con nosotros y háznosla llegar.

El Erudito

Un reconocido profesor, en su afán de seguir aprendiendo, decidió visitar a un maestro Zen.

Viajó cientos de kilómetros y esperó varios días para mantener una entrevista personal con él.

Finalmente el erudito se sentó a la mesa junto al maestro y, mientras un sirviente colocaba tazas de té delante de ellos, comenzó a hablar de sus éxitos, los títulos académicos que poseía y los estudios que había realizado. 

el maestro permaneció en silencio mientras el hombre hablaba sin cesar de sus conocimientos, explicándole que quería ser su discípulo y aprender de él.

El maestro Zen comenzó a servirle su taza de té, llenándola hasta desbordarla, alcanzando el plato, ensuciando la mesa y derramándola sobre sus piernas.

— ¡Está derramando té por todas partes! —dijo el hombre, sorprendido.

— Eres como esta taza de té. —le respondió el maestro— Estás tan lleno de tu conocimiento que ya no cabe nada nuevo.


7 Maravillas

Se le preguntó a un grupo de estudiantes, cuáles creían que eran las siete maravillas del mundo...

A pesar de que hubo algunas discusiones debido a ciertos desacuerdos, éstas fueron las más votadas:

  • La Pirámide de Keops
  • El Taj Mahal
  • El Gran Cañón de Colorado
  • El Canal de Panamá
  • El Empire State Building
  • La Basílica de San Pedro
  • La Gran Muralla China

Mientras seguían discutiendo por las votaciones, el maestro se dio cuenta de que había una muchacha que seguía pensando qué escribir, así que se acercó y le preguntó si tenía algún problema. Ella respondió que sí, que era difícil elegir 7 maravillas cuando en realidad son muchas las que existen.

El maestro le dijo: "Está bien, dinos lo que tienes para elegir y quizá entre todos podamos ayudarte.

La chica respiró profundamente y comenzó a leer...

  • Ver
  • Oir
  • Tocar
  • Probar
  • Sentir
  • Reír
  • Amar...

El salón quedó en silencio... podría haberse escuchado el sonido de un alfiler al caer.

Hay cosas que vemos como simples y ordinarias pero en realidad son maravillosas. Son un recordatorio de que las cosas más hermosas que tenemos en la vida no pueden ser construidas o compradas por el hombre.


El Sabio y los Milagros

Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del Sabio.

Fue entonces cuando el poderoso, dirigiéndose al Sabio, dijo:

Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros.
Soy una persona vieja y cansada... ¿Cómo crees que yo podría hacer milagros?
Me han dicho que sanas a los enfermos, haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos... esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso.
¿Te referías a eso?... Tú lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso... no un viejo como yo. Esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.
Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces... muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios.

Ante la insistencia de aquel hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó:

¿Esta mañana volvió a salir el sol?
Sí, claro que sí.
Pues ahí tienes un milagro... el milagro de la luz.
No, yo quiero ver un verdadero milagro, oculta el sol, saca agua de una piedra.... mira, hay un conejo herido junto a la vereda; tócalo y sana sus heridas.
¿Quieres un verdadero milagro? ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días?
¡Sí! Fue varón y es mi primogénito.
Ahí tienes el segundo milagro... el milagro de la vida.
Sabio, tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro...
¿Acaso no estamos en época de cosecha? ¿no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra?

Sí, igual que todos los años.
Pues ahí tienes el tercer milagro... el milagro de la naturaleza.
Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero...

Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:

Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti... Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, pero yo he hecho todo lo que podía hacer.

Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para oír lo que decían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:

Maestro, te he visto hacer milagros como éste casi todos los días, ¿Por qué te negaste a mostrarle uno al caballero? ¿Por qué lo haces ahora que no puede verlo?
Lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo. Le mostré tres milagros y no pudo verlos.

Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día

 



 

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