Esta sección contiene historias, fábulas, cuentos que de alguna manera nos hacen pensar.
Fueron tomadas de aquí y de allá, no nos atribuimos autoría alguna, solo están aquí para que las disfruten, y esperemos que siga creciendo con el aporte de todos. Si tienes una historia que te conmovió especialmente, contacta con nosotros y háznosla llegar.
Un reconocido profesor, en su afán de seguir aprendiendo, decidió visitar a un maestro Zen.
Viajó cientos de kilómetros y esperó varios días para mantener una entrevista personal con él.
Finalmente el erudito se sentó a la mesa junto al maestro y, mientras un sirviente colocaba tazas de té delante de ellos, comenzó a hablar de sus éxitos, los títulos académicos que poseía y los estudios que había realizado.
el maestro permaneció en silencio mientras el hombre hablaba sin cesar de sus conocimientos, explicándole que quería ser su discípulo y aprender de él.
El maestro Zen comenzó a servirle su taza de té, llenándola hasta desbordarla, alcanzando el plato, ensuciando la mesa y derramándola sobre sus piernas.
— ¡Está derramando té por todas partes! —dijo el hombre, sorprendido.
— Eres como esta taza de té. —le respondió el maestro— Estás tan lleno de tu conocimiento que ya no cabe nada nuevo.
Se le preguntó a un grupo de estudiantes, cuáles creían que eran las siete maravillas del mundo...
A pesar de que hubo algunas discusiones debido a ciertos desacuerdos, éstas fueron las más votadas:
Mientras seguían discutiendo por las votaciones, el maestro se dio cuenta de que había una muchacha que seguía pensando qué escribir, así que se acercó y le preguntó si tenía algún problema. Ella respondió que sí, que era difícil elegir 7 maravillas cuando en realidad son muchas las que existen.
El maestro le dijo: "Está bien, dinos lo que tienes para elegir y quizá entre todos podamos ayudarte.
La chica respiró profundamente y comenzó a leer...
El salón quedó en silencio... podría haberse escuchado el sonido de un alfiler al caer.
Hay cosas que vemos como simples y ordinarias pero en realidad son maravillosas. Son un recordatorio de que las cosas más hermosas que tenemos en la vida no pueden ser construidas o compradas por el hombre.
Tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; un Sabio con fama de hacer milagros, un poderoso terrateniente del lugar y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven estudiante alumno del Sabio.
Fue entonces cuando el poderoso, dirigiéndose al Sabio, dijo:
Ante la insistencia de aquel hombre poderoso, el Sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó:
Sus palabras fueron cortadas por el Sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló:
Dicho esto, el poderoso terrateniente se retiró muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda. Cuando el poderoso terrateniente iba muy lejos como para oír lo que decían el Sabio y su alumno, el Sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, sopló sobre él y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:
Para ser rey primero hay que ser príncipe, para ser maestro primero hay que ser alumno... no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día
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