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Recuerdos

por Pachorro

El paso de los años... los hijos que crecen... gente que ya no está más con nosotros, gente que se ha ido y que vuelve... es difícil ordenar los pensamientos, quizás lo que uno quiera más en este momento es que todas aquellas cosas que lo hacían sentir bien, vuelvan.

No importa que lo tilden de viejo, de anticuado, que la velocidad de sus reacciones (y de tus piernas, que sentís cuando estás jugando a la pelota con tus hijos, y te das cuenta de que uno de ellos ya está en el fútbol universitario), ya no sean las mismas.

Lo que importa es que esas cosas, no se transformen en sólo un recuerdo que compartimos de vez en cuando.

A veces me pongo a pensar... ¿qué habrá sido de toda esa gente que conocí? ¿dónde estarán mis compañeros de la escuela San Juan Bautista de Sayago, que dio lugar al ahora Liceo 23? ¿Dónde estarán los del Colegio Pío de Villa Colón?

Estuvimos con mi cámara por allí semanas atrás, recorriendo la clásica ruta que lleva hasta el Olimpia. En nuestra mente nos sentamos en la estación Sayago y casi sentimos en nuestras manos el rigor de las heladas mañanas de invierno aprisionando el protafolios de cuero... ¡porque antes no había mochilas, ¿vio?! Y los guantes de lana tenían los agujeros demasiado grandes, y teníamos que soplarnos las manos, exhalando vaho matutino.

Dándole vueltas al recuerdo transitamos por la calle Ariel, donde íbamos a la matiné del Cine Hollywood, y por allí, pegadito, el olor inconfundible que salía del Palacio del Café nos hizo recordar cuando mamá nos mandaba, a la salida de la clase de inglés, a comprar "1/2 para café con leche"...

También recuerdo a Cecilia, mi profesora de Inglés, que con su enorme paciencia y cariño, sin duda que desafiando todas las teorías pedagógicas, daba clases en una mesa de comedor, con niños alrededor, de diferentes niveles, y sin pizarrón...

Hoy que mis dedos vuelan sobre el sensible teclado, tras haber estado toda una vida trabajando con él, vivencio el momento de recibir mi diploma de Dactilografía en la Academia Sayago, a la edad de 11 años. Ese que me lo dieron igual, aunque no había llegado a las 35 palabras por minuto requeridas, porque "era muy chico"... ¡Había apenas sobrepasado las 31! ¡Seguramente hoy se reiría Nelly, la dueña de la academia, profesora de Dactilografía, Taquigrafía y Contabilidad! Quizás sabía que en el futuro las cosas iban a ser bien distintas.

¡Y vaya que lo fueron! Pero no sólo de teclas estamos hablando...

Hoy "la Philipps" dio paso al Hipercentro Devoto, mostrando que todo cambia.

También habrá cambiado nuestra fisonomía de aquella primera vez que me reuní, en el Expreso de Pocitos, y después cuando se lanzó el libro Rodelú, la Tertulia Virtual.

Soy malo para los nombres, o la tecnología me ha estado obnubilando, pero no recuerdo nada que no esté en mi Libreta de Direcciones, y a veces tampoco recuerdo qué hay detrás de esa dirección electrónica. Ahí tengo la de Helena Arce... y no recuerdo su rostro...

Es curioso, pero por más que uno dice que se resiste a vivir en el pasado, por más que su profesión lo obligue a manternerse siempre con la vista hacia adelante, no obstante uno se pase el día hablando de sitios Web, de foros y listas de discusión, mensajeros instantáneos con voz, celulares con cámara... la vida parece que nos grita que no hay nada mejor que el abrazo de un amigo, en vivo y en directo. No te hablo de un "beso virtual" o de un guiño del Yahoo Messenger... te estoy hablando de un abrazo real, de encontrarte con tu amigo y sentir que te pincha la cara porque es domingo, y no se afeita desde el viernes, sentir el roce de sus dedos cuando le pasás el mate, tener que taparte los ojos, porque el reflejo del sol poniéndose sobre la rambla te molesta, (porque siempre se sienta con la espalda al sol, ¿viste? y vos sos el que no lo ves, y por más que le dijiste varias veces "¡sentate vos acá hoy, vas a ver cómo te jode el sol!", él siempre al descuido te deja a vos con el sol de frente)...

Hace muy poquito, un comercial mostraba a unos niños diciendo "Hace 50 años, no había, ni PC ni Internet, ni CD, ni MP3... y ¿sabés cómo se divertían los niños? ¡Igual que ahora! Con 'El Escolar' de 'El País'"... ¡Claro! (Y además estaba Billiken), pero más allá del propósito de esa pieza publicitaria, había que recordar que en vez de "chatear", salíamos a "conversar", que en vez de mails, nos mandábamos "billetes", y que papá estaba tomando mate con refuerzos de queso y dulce de membrillo junto a mamá, abuelo y abuela, y charlábamos en familia, jugábamos a las cartas, o a la lotería de cartones, mientras que ahora, los papás llegamos a prender la computadora y seguir trabajando después de haber cumplido nuestras 8 horas reglamentarias que paran la olla, preparándonos (por si las moscas), para cualquier eventualidad.

La bandera de remate estará pronto flameando en el departamento de los viejos. La confianza en los amigos nos fue defraudada y con ella se desmoronó todo lo que mis viejos tenían. Con un sentimiento extraño ahora pienso "¡qué suerte que ya no están y no tendrán que ver esto!", es la vida, a algunos les sonríe, a otros les saca la lengua...

Y por eso, y por muchas cosas, la tranquilidad de los hogares de nuestra niñez en nada se parece a la vorágine que vivimos en este tercer milenio... No hay tiempo para hacer todas las cosas que tenemos que hacer para cambiar lo que parece tan difícil cambiar. Y no obstante sabemos que la vida se nos pasa sin disfrutarla, seguimos obcecados, confundidos, apresurados y desorientados como hormigas a las que algún pie jueguetón o malvado acaba de dejarlas sin hormiguero.

Quizá necesitemos encontrarnos otra vez... ya hace mucho tiempo de esto. Y nos podamos dar un abrazo de amigos.



 

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