por Eduardo "Pachorro"Gamero
Para quienes hemos pasado los trein... ¡ejem!... cuarenta, y de hecho, ya estamos en el último escalón de esa etapa, hay muchas cosas que permanecen incorporadas sin que tengamos demasiada conciencia de ello, y únicamente nos damos cuenta que ya no existen hace ya bastaaaaante tiempo, cuando lo comentamos con alguno de nuestros hijos y nos miran como si estuvieran enfrente de un "Extraño de pelo largo"...
También nos miran con la boca abierta en los cumpleaños de 15 en los que el piola del DJ pone aquella música que fue (sabiamente y con todo respeto) denominada "Porteñada"... una serie de hits de la década del 70 que curiosamente nos sabemos todos. A lo mejor no nos acordamos de alguna estrofa de "Mi bandera", pero... ¿quién es el despistado veterano que no te sabe cantar completa "Zapatos Rotos", "La balsa" o "Estoy hecho un demonio"?
¡No existe, hermano!... ¡No existe!...
¡Y ojo, que no te hablo de tranvías! Yo no los conocí, por ejemplo... (je... ¡soy un pibe!)... Pero conocí, eso sí, los trolleybuses, los de AMDET, los viejos, con la cola "bombé" y una agarradera para que en forma cómoda y segura pudieras hacerte "la coladera". Cuando iba a la escuela, pasaban el 66 y el 68, de Sayago a Malvín.
Esos eran los viejos, porque después aparecieron los nuevos, todos prolijitos, más cuadradotes, con la increíble seducción de los motores eléctricos, que tienen la misma potencia independientemente de la velocidad, al revés del motor a combustión... (esto lo aprendí en el liceo, en la época en que se enseñaban cosas y uno las aprendía)... ¿Y cuál era la seducción? ¡Pues casi nada! ¡Que pisabas el acelerador a fondo y no había desperdicio: salían disparados como demonios mismos!... Los pasajeros, entonces, se acomodaban muy prolijamente en el fondo, bien "empacaditos" para hacer un aprovechamiento máximo del espacio.
¡Qué épocas! Tanto podías ser un caballero ejemplar, tomando del brazo a la más bonita de las pasajeras, para salvarla del envión y obtener en recompensa una sonrisa y la posibilidad de entablar un diálogo, o aprovechar el impulso para tirártele encima... según fueran tus costumbres y tus intenciones.
Después aparecieron los "dobles", con un muelle en el medio, circular que le permitía articularse... ¡La de choques que habrá habido en esquinas con poca visibilidad por no prever que después de la primera parte, venía la segunda!
Nosotros vivíamos en Blvr. José Batlle y Ordóñez (que en ese momento se llamaba Propios) y Gregorio Sanabria, a 3 cuadras de Burgues, y era común ir al centro tomando el 2 en combinación con el 4 en 8 de Octubre y Centenario. El 2, que antes era el 202, de Sayago a Malvín, también. Y estaba el 210 que iba a no sé dónde, desde no sé dónde... yo era muy chiquito, y desde mi casa sólo sabía que si veía un ómnibus que venía de Propios era el 202, porque el 210 doblaba de Burgues...
Te decía que no hablaba de tranvías, pero hay cosas que todavía nos hacen aparecer como dinosaurios. Si cuento de mi época de la escuela, los gurises de ahora se cag... digo... se matan de risa, porque yo sé que es difícil imaginarse escribir con lapiceras a pluma, que había que "cargarlas" de tinta introduciéndolas en el tintero.
Ellos no saben de "papel secante", para no borronear lo recién escrito. No había "corrector", pero había "Agua Jane" que borraba la tinta en forma casi mágica, pero si te pasabas le hacías un agujero a la hoja... ¡a las hojas Tabaré!, por ejemplo.
Los bancos de la escuela tenían un agujero en el medio del pupitre, para poner el tintero y que los dos chicos (sí... 2 por banco) cargaran sus plumas. También es gracioso recordar que metiendo la mano por debajo del pupitre, donde guardabas los libros, podías elevar el tintero hasta sacarlo del lugar y que cayera con toda su tinta sobre la blanca túnica del compañero de adelante...
Todo eso antes que aparecieran las "biromes", las de tinta indeleble, las clásicas BIC y Sylvapen. Claro que con esas no podías hacer "Caligrafía", una rara materia que parece que desapareció en la noche de los tiempos... Había las hojas y cuadernos "a doble raya" y especiales "de Caligrafía", que más bien parecían un pentagrama.
¿Y si les cuento que había lápiz de tinta? Que había gomas "de pan" para borrar el lápiz de grafo común, y que el dichoso lápiz de tinta no se podía borrar... Había gomas de dos colores, verde y rojo; el verde era blandito para borrar el lápiz común y el rojo para borrar lo escrito con biromes o hasta con lápiz de tinta bajo riesgo de terminar con el consabido "aujero" en la hoja.
¿Para qué servía el lápiz de tinta? Me acuerdo que si lo mojabas, adquiría una tonalidad violeta...
¡Qué épocas!... Cuando el director entraba a la clase, o cualquier persona mayor, y nos levantábamos todos como impulsados por un resorte, y decíamos "¡Buenos días, Sr. Director!" más parejitos que ejército de soldados universales... Costumbres que aprendíamos en 1er. año, conservábamos naturalmente incorporada durante todo nuestro ciclo de educación y aún hoy practicamos, ante la a veces atónita mirada de los demás. Por supuesto que yo no decimos nada, porque no hay con quién hacer coro.
Cuando en 1963 adquirían mis padres su primer televisor, un universo nuevo se introducía dentro de nuestros hogares, y "la cabeza de Geniol", llena de clavos en un pelado sonriente, comenzaba a aparecer en esa luminosa ventana al mundo, además de verla en los escaparates de las farmacias.
Eran las épocas de los Carnavales con serpentinas y papelitos, los pomos de agua (ya no era agua-perfume, te aclaro) en los Corsos Barriales y los tablados vecinales, donde íbamos a ver a los "Humoristas del Betún", "Paco y Pico" y "La Escuelita del Crimen".
Epocas en donde jugábamos a la mancha en la escuela en vez de matarnos con las patadas de los Power Rangers; épocas de "la escondida"... y tengo que reconocer que como yo fui a colegio "de varones", al igual que aquellas que iban a colegios "de niñas", no viví la aventura de "la escondida de parejas" donde surgían los primeros inocentes besos en los escondites más impensables... ¡o más rápidos de encontrar!
Tiempos en que nuestros abuelos usaban relojes de cadenas... ¡y mi abuelo me había regalado uno! Justo cuando pasé al liceo... año 1969. Cadena de oro y reloj al que había que apretarle un botoncito para levantarle la tapa... ¡una paquetería, mire!
Justo, justo, me agarró la época en que el tiralíneas estaba pasando a ser historia y no tuve que sufrir con la puta tinta china... los Rapidograph era "lo último", ¡y las proyecciones quedaban un chiche! ¡Claro! Todavía había que llevar la tabla, las "témperas", las reglas para las clases de... ¡2 horas!... de dibujo. Nuestro profesor de dibujo nos decía que éramos temperamentales desbalanceados, esto es: mucha témpera y poco mentales, jeje, pero igual, a mí me gustaba el dibujo.
¡Qué épocas!... Con mi viejo nos pasábamos las horas en la terraza y mi diversión era preguntarle las marcas de los autos, y de a poquito me las iba aprendiendo... Pasaban los autos por Propios y yo los nombraba todos, marca y modelo, y no sólo los más clásicos como "Ford", "Chevrolet" y "Volkswagen"... "Oldsmobile", "Crossmobile", "Studebaker", "Playmouth", "Saab", "IFA", "DKW", "NSU Prinz", "Simca 1000"... ¡el "Ford Anglia", que tenía la luneta trasera al revés!.... Y también estaban los camiones y los ómnibus: "Bedford", "OM", "Unimog", "Fargo", las motos y las motonetas, "Norton", "Matchless", "Bambi", "Lambretta", y otras cosas raras como las "Izzeta" (los huevitos de BMW, ¿se acuerdan?).
Epocas de los Catálogos (¿o se creen que la "venta por catálogo" es un invento de Nuvó?), de Angenscheidt, del London París, de El Mago y Babalay, de Soler, de Introzzi, de Aliverti en el clásico "18 de Julio 2000" esquina Pablo de María. A la vueltita nomás, estaba Faggi Unica; épocas en donde para lucir, uno tenía que ir a una determinada sastrería ("¡Luzca en la calle!... Vista en Ovalle").
Tiempos en los que hacíamos cola para todo... para entrar al Tren Fantasma, para los Autitos Chocadores, la Rueda Gigante o al Expendio de Subsistencias para levantar la leche a las 5 de la mañana.
Tiempos de otra TV, del "Doble o Nada", primero de Mejoral y luego de Si-Sí, con Isidro Cristiá quién hábilmente nos atormentaba inconmensurablemente con su acordeón a piano, del "Martini Pregunta" con Rodríguez Tabeira, de "A soñar con Sudamtex", de "Las Campanadas de la Buena Voluntad", con Marisa Montana (y si algún amigo me ayuda con el nombre del otro conductor, le estaré profundamente agradecido).
Increíblemente todavía persiste "El Show del Mediodía", pero en un formato totalmente diferente. Allí conocimos a Cacho de la Cruz y Alejandro Trotta, con un elenco que incluía a Hugo Mañán, Fernando Lescout, Roberto Barry, Ruben Rada, Fernando Lamas (que no era el "Inmortal" que enviaba demonios al infierno), cuando "la tanda" se hacía en vivo, con placas, Julio Alonso haciendo su perdurable "reclame" de "La Epicúrea", el gordo Delvalle mostrándonos un vaso de cerveza y diciéndonos "¡Lástima que la televisión no sea en colores para que Ud. vea lo que es el amarillo oro de esta Norteña!".
¡Juá!... ¡Qué loco, ¿no?!
Teníamos la Coca y la Pepsi, claro pero también estaba la Malta... la Doble Uruguaya, que después fue la Malta Montevideana, la Malteña, obviamente de Norteña, y la Paysanita... ¡dulce que daba asco!
Pero también teníamos la Biltz Sinalco (un engendro con gusto a Guaraná que estaba bueno), la Limol, la Urreta, la más exquisita "naranjita" que haya conocido paladar alguno, antes que llegara la Fanta y la Mirinda.
Fumábamos tabaco Cerrito antes de pituquear con Oxibithué, Playmouth o Republicana, con el clásico "La Paz" Suave, que de suave no tenía un carajo, porque era como meterse una bomba en el pecho, antes de que salieran los "La Paz" rubios, algo como un anticlásico. Tenía un amigo que iba a los cumpleaños con dos cajas de cigarrillos: una de Coronado y otra de La Paz Suave y cuando lo mangueaban sacaba los negros...¡claro!
Mi tío fumaba Richmond... ¡sin filtro, obvio! Porque eso fue antes de que aparecieran los Richmond Azules y Rojos con filtro, y tenía otro tío que fumaba Master... Había una propaganda que era un trencito que decía "¡Mas!... ¡Más!... ¡Master!".
Estaban los cigarros para maricas... jeje... los Benson, Niágara o Salem... mentolados, todos de cajita verde.
¡Qué épocas peligrosas!... No había advertencias del MSP en ese entonces, así que del cáncer ni se hablaba, pero por el Barrio Aires Puros nos subíamos 6 arriba de una chata con rulemanes y nos tirábamos por la bajada de Gregorio Sanabria desde Elba hasta Santa Ana... ¡Claro! La probabilidad de que cruzara un coche por las transversales era sumamente remota, aunque la probabilidad de encontrarse con alguna piedra y terminar despatarrados sobre la vereda era mucho mayor, ¡y no sé cuál era más fulera!
En invierno nos calzábamos los Incalcuer a la mañana y nos los sacábamos a la noche porque era la única manera de que pudiéramos llevarlos con comodidad, de tan duros que eran, y en verano, teníamos las romanitas o las interminables Skip de colores que te hacían "jeder" las patas aunque te las mantenían ventiladitas, como las franciscanas que usaban los grandes.
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