
por Laura Da Silva
Ha pasado algún tiempo y había quedado una deuda pendiente... Más allá de haber dispuesto las fotos del espectáculo en Florida en el área de imágenes, creímos necesario extendernos un poquito más allá y transmitirles la experiencia de haber convivido unas horas con esta familia que es la Compañía de Tango-Danza Malajunta, una sensación que no se dio para en aquella ocasión.
Pero la oportunidad vuelve a presentarse. Es mentira aquello de que el tren pasa sólo una vez y que perderlo significa ahogarnos en las más profundas hendiduras de nuestra existencia.


Quizás les suene demasiado melodramática, pero para quienes tenemos la grata tarea de compartir tareas con Pachorro y sabemos los momentos difíciles que en este momento está pasando, los que enfrenta con absoluta estoicidad y entereza, el haberlo visto anoche con su incondicional familia en La Colmena, haciendo lo que (entre otras cosas) sabe hacer muy bien, que es captar aquellos instantes que no pueden ser descritos con palabras, nos hizo comprender que haber tomado la responsabilidad, hoy, de escribir por él era cuestión ineludible.
Desde aquí le deseamos una pronta recuperación y un rápido regreso a estas páginas, con su estilo fresco, espontáneo, natural, que nos hace esbozar una sonrisa o arrancar una carcajada, en el momento más inesperado.
El hecho de tener que cubir una nota que nos es bastante ajena, por la simple razón de que ni el Tango ni el Carnaval, las grandes pasiones de Pachorro, son temáticas que nos llamen más la atención que cualquiera otra, tanto sea de música, canto o baile, nos hizo prepararnos para la ocasión de una forma objetiva, y creemos que es nuestra obligación manifestar que concurrimos a ver Pasiones... ¡sin muy locas pasiones!

Esperábamos encontrarnos con una puesta en escena consabida, musicalmente encajonada, estructurada como una de las obras que solemos ver en las fiestas de fin de año escolares, adornada, por supuesto, completada, exigida y elevada por la capacidad de profesionales, y hemos de reconocer que nos preparábamos para concentrarnos en su contenido. Como diría Pachorro: nuestras expectativas pasaban por debajo de la puerta.
La concurrencia fue lo primero que nos llamó la atención, con la abundancia de jóvenes, lo que confirma la creciente aceptación que estos géneros están suscitando últimamente. Lo segundo, que seguramente es posible de evitarse, y que es uno de los aspectos que nos impactó, y nos continúa impactando negativamente en todo lo que nos atañe a los uruguayos, es la impuntulidad en el comienzo: creemos que el respeto que se merecen las personas que han sabido tomar las previsiones para disfrutar de una obra es mayor que el que pueden reclamar aquellos que por un motivo o por otro, "se vieron retrasados", por algún imprevisto.
Somos uruguayos, y parece que esto está como incorporado a nuestra idiosincrasia, pero que en lo personal no comparto. Pero aclaro, que fue sólo una de las cosas que puede decirse de negativo acerca de lo que anoche me tocó vivir.
Porque a los pocos minutos de haber comenzado el espectáculo, todo había cambiado, no sólo en lo que se refería a la musicalidad, sino a la puesta en escena, al vestuario, a la coreografía, por algunas danzas que nos impresionaron gratamente, y que según me contaron después se estaban estrenando.
Como quien dice... un espectáculo en continuo crecimiento y superación.



La inconfundible voz en off de Roberto Méndez nos iba llevando por un viaje que nos hubiera gustado haber emprendido antes, que nos hubiera gustado haber escuchado conjuntamente con (o hasta en lugar de) las aburridas lecciones de Historia Patria, llenas de héroes, batallas y liberaciones.
Porque lo que ahí se nos narraba, nos transportaba al mismo escenario de los acontecimientos, nos hacía sentir partícipes de una historia tan nuestra como la Batalla de Las Piedras. La historia de nuestra gente, mostrada a través de sus expresiones culturales.
Las imágenes con las que vamos salpicando esta nota, son de ex-profeso, anacrónicas, porque sería una maldad que el hilo de la historia pudiera entreverse desde aquí: ver la obra es una experiencia que no podemos quitarles el placer de vivir.

Intercalado entre las piezas de danza, donde el Tango se funde con otros estilos, se alimenta y se individualiza, la timbrada voz varonil de un Miguel Angel Maidana, imponente, que llena el escenario tanto con su caudal de voz como con su sentimiento, hace las delicias de los amantes del género, lo cual se complementa, como es natural, con la delicadeza de una Alejandra De Negris, con quien realiza algunas interpretaciones a dúo.
En ágil sucesión recorrimos nuestra música, arrancando desde antes de 1900, y cuando quisimos acordar, entre tangos canyengueados, milongas, chamarritas y valsecitos criollos, nos encontramos, de repente con la inigualable e imponente presencia de La Cumparsita, coreografiada por las 6 parejas que integran esta Compañía, para culminar con la estilización del tango uruguayo de escenario, que mantiene sus rasgos más románticos y sensuales, nacidos del tango de salón, en contraposición a las formas acrobáticas que podemos encontrar en otras expresiones de nuestra música rioplatense.

Aparte de invitarlos a que en la próxima oportunidad, no se pierdan este espectáculo, creo que las imágenes sustituirán, como siempre, a las palabras.
Pero antes... permítase esbozar...
Contra lo que uno pudiera imaginarse bajo este título, no nos vamos a referir a impactos visuales ni a ningún aspecto fundamentalmente destacable que suele dejarse para el final de toda obra.
Porque lo que más resalta, más que puntualmente de Pasiones, sino en general del espectáculo uruguayo, y de Malajunta en particular, es lo que ocurre a posteriri del espectáculo, luego de la consabida despedida con todos los actores en escena saludando al público y recibiendo el bien merecido aplauso.
Lo destacable es la interacción con el público, la cual nació ya desde el mismo escenario pero que culmina en la platea, cuando por la escalinata central, todos y cada uno, bajan a saludar, estrechándose en calurosos abrazos de gente que es la primera vez que los han ido a ver, de gente que fue persuadida por un amigo o un conocido aun cuando no les guste el tango, de gente que se ha sentido embargada por la emoción.
Algo que, nos decían, no es común ver en otros espectáculos, y que es muy bien recibido por los turistas, que la mayoría de las veces, no pueden dar crédito a sus ojos cuando ven esta actitud.











¡Hasta prontito!
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