
por Pachorro
| — | ¡Páh!... ¿Sabés de lo qué me olvidé, vieja? |
| — | No sé... ¡Vos siempre te olvidás de todo! |
| — | ¡Del espectáculo de Malajunta! |
| — | ¡¿Y encima me decís que andás con malas juntas?! |
| — | No me entendiste... Me refiero a Elizabeth y Marcel, los bailarines de la compañía Malajunta. |
| — | ¡Ahhh!... Sí... ¡Y bueno!... No vayas, ¡fijate la hora que es!... Además, debe de ser un espectáculo como cualquier otro. |
| — | No me parece... tengo un pálpito... |
| — | Bueno, apurate entonces... ¡Por algo te dicen Pachorro! |
Debo reconocer que sus palabras me hirieron un poquito.
Pero también sé que tiene parte de razon ... ¡está bien!... ¡Toda la razón!... Me he ganado este apodo desde que intento estar a tiempo para la llegada de la Vuelta Ciclista, pero ¡este año llegué!... Voy progresando...
Pero mejor me apuro, porque, decía, tengo un pálpito sobre este espectáculo, y sólo hay una forma de estar seguro de cómo es en realidad. Voy a revisar el bolso a ver si no me olvido de nada, aunque... ¡total!... siempre de algo me olvido... No sé para qué me tomo el trabajo de revisar...
Estoy seguro que quieren "ver", así que aquí pueden ver el video promocional del espectáculo brindado en Florida, y después, si gustan siguen leyendo.
En el atelier de Marcel, en la calle Juan Paullier... ¡ah!... ¡No les conté!... Resulta que estos dos tangueros de orígenes folclóricos, no sólo "andan al pelo" en temas milongueros, sino que su vida se desarrolla en torno a cuestiones de cabellera.
Con la pasión del tango fluyéndoles por las venas, ambos son peluqueros —coiffeurs les dicen... y al local le llaman Atelier de Estética, pero es sólo para darse dique—, y la previa no podía ser en otro lugar que en la peluquería de Marcel... ¡perdón!... en el atelier.
Yo sé lo que Ud. debe estar pensando: "Este Pachorro es un irrespetuoso, hablar así de esta gente, tan reconocida, con tanta trayectoria...". Pero espérese un poquito, y no me prejuzgue, porque yo le voy a contar que Elizabeth y Marcel, así como los ve, con una carrera impresionante, son tan artistas como GENTE, así... escrito en mayúsculas, y entre una de sus múltiples cualidades, está la de hacerlo sentir a uno como en casa, como parte de la familia.
Sólo bastan unos minutos dentro de la Compañía Malajunta para darse cuenta de que todos ellos son una gran familia, compuesta por papá Marcel y Mamá Elizabeth, los tíos Helda y José María, y sus hijitos Natalia y Héctor, Helena y Santiago, María y Horacio... un unidísimo grupo extraido de diferentes academias de tango que tienen un denominador común:
"Buscamos más que su capacidad como bailarines, sus dones como personas"— nos dice Marcel, dejándonos sorprendidos por primera vez en la tarde del 28 de octubre. Serían muchas veces más que nos arrancaría una sonrisa sin saberlo.
Y es que toparnos con quien, para armar su grupo, busca a la persona que hay detrás, por encima de sus capacidades artísticas, nos damos cuenta de que estamos ante algo que es digno de destacar.


Elizabeth está en plena acción desde tempranito. El espectáculo "Pasiones" está programado para las 21 hs. en Florida, pero mucho antes de las 16 la encontramos esgrimiendo pinceles, peines y demás utensilios de belleza, preparando a las integrantes del cuerpo de baile.
Poco a poco van llegando, y las chicas van pasando por su sillón, aunque hay quien prefiera el autoservicio, para quedar casi prontas para "Pasiones", un espectáculo que narra el desarrollo de nuestra música a través de los años.
Conversamos un poco con todos ellos y nos vamos dando cuenta de todo lo que se comparte en este grupo, además del baile. Un grupo que por otra parte está compuesto por chicos que hace muy poco que están integrados a él, y particularmente a "Pasiones".
El tango, el folclore y sus orígenes son la base de este espectáculo que hace un tiempo era impensable de ver realizado, y que como todo sueño de locos, sólo puede llevarse a cabo para demostrar que no era ni de locos ni de soñadores, sino de verdaderos profesionales con la enorme virtud de no dejar que nada se quede únicamente entre ceja y ceja.
El ómnibus ya está dando la vuelta a la manzana para estacionarse, el agua para el mate ya está pronta, el vestuario comienza a ser acarreado y los nervios empiezan a atacar, aunque para algunos (o más bien para algunas) parece que eso no les afecta su apetito...
Es un trayecto relativamente corto, Florida se encuentra a escasa 1 hora y media de la capital, pero de todas maneras, a medida que las horas van transcurriendo la ansiedad va in crescendum, situación ésta que Elizabeth demuestra que sabe bien cómo manejar, cantando y divirtiéndose.
A María, una porteñita de apenas 15 años, parece que no hay forma de agarrarla en falsa escuadra y acompaña cuanto tango arrancamos... ¡Sí!... ¡Digo "arrancamos"!... Porque como ya les dije, estos fenómenos le van haciendo olvidar a uno que fue invitado, que vino a "cubrir el evento" y le hacen perder las pocas inhibiciones que tiene, así que mate va, mate viene, nos fuimos entusiasmando con As de Cartón, con Nostalgias, para seguir sin que nadie nos parara con la retirada de los Asaltantes o la de Patos Cabreros, de una forma totalmente descarada...
Pero no fue sólo eso, porque en ese ambiente, tanto hubiera venido La Marsellesa como el Payaso Plin Plin, ¡no se le hace asco a nada!


¿Les dije que fue entre mate y mate?....
Bueno, eso fue un decir nomás, porque Marcel, que como bien pueden apreciar podríamos llamarlo el Omar Gutiérrez de Malajunta, en lo único que se le parece es en los lentes, porque en eso de compartir... deja mucho que desear, y decir que tomamos 3 mates en el trayecto hasta Florida es decir mucho.
Bueno, Marcel, no es nada... ¡yo también te quiero mucho!
Los pagos de la Piedra Alta son también los pagos de Marcel, que se esmeró de manera reconocible con varios "...aquí a la derecha..." y "...si miran a la izquierda..." como para asegurarse un trabajito de azafata en caso de que le lleguen a fallar la peluquería y la danza.


Nosotros volteábamos las cabezas de un lado para el otro, como en desfile de Giordano, pero salvo unos pocos disparos que pude hacer, en la mente de todos (y me incluyo) no existía nada más que el espectáculo.
Sin duda vendremos con más tiempo para mostrar las bellezas de Florida, pero seguramente que será en otra oportunidad.
En poco tiempo arribamos al Teatro 25 de Agosto y comenzaban las tareas de "reconocimiento de campo" por parte de los bailarines, y el inevitable ensayo previo, la ubicación de la cámara para la filmación, la coordinación con iluminadores y sonidistas, y un sinfín de etcéteras que hacen esta tarea algo definitivamente pleno de adrenalina... ¡digo yo!
Porque lo mío vendría a ser el contarles toda esta historia, y ya que no pude convencerlos de que con mi talento vocal les saldría seguramente más barato que Maidana, me puse a darle una mirada a las instalaciones.
Echo mano a mi bolso sólo para confirmar de qué me había olvidado, no para otra cosa, tan asumida que tengo mis condiciones y capacidad. Todavía no lo sabía, pero evidentemente de algo debería haber olvidado, y efectivamente, el trípode no estaba allí... "Bueno" —me dije— "mientras no sean las pilas de repuesto, está todo bien". Aunque estaría muy bonito efectuar algunas tomas con luz ambiente y trasmitirles la completa belleza que después pude confirmar. La última vez que había intentado contener la respiración para hacer ese tipo de tomas, me llevaron a la lógica conclusión de que para eso se habían hecho los trípodes...
Imágenes del espectáculo Pasiones en Florida
Lo prometido es deuda: Pasiones (2da. Parte)
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