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Reflexión



Bailando La Cumparsita

La lucha por La Cumparsita

por Pachorro

Argentinos y uruguayos, como hermanos, no pueden dejar de querer algo que les es tan innegablemente propio: La cumparsita es su propia madre y el tango su padre.

El otro día, navegando en la red, llego a un artículo que comenzaba con algo que llamó poderosísimamente mi antención:

"Después de tanto tiempo, Uruguay y Argentina siguen disputando la paternidad de La Cumparsita".

¡Cómo!... ¿Qué es esto?

Continúo leyendo la nota y me encuentro con una verdadera obra de arte del periodismo, que con un comienzo impactante finaliza diciendo lo que todos sabemos.

Pese a la incertidumbre de la fecha de su escritura, no puede llegar a ponerse en duda ningún aspecto referido a las autorías, pero curiosamente aquí se presenta algo muy poco común y es que no existe una sola letra y que en su música hay porciones pertenecientes a varios compositores.

El Himno de los Tangos, ése que es reconocido como ícono del género, fue compuesto por el uruguayo Gerardo Matos Rodríguez, quien en colaboración con el pianista mercedario Carlos Warren le presentó la partitura al maestro argentino Roberto Firpo. Este notó una carencia armónica en la totalidad del tema por lo que le agregó una parte de su tango "La gaucha Manuela" y una porción de la ópera "Miserere" de Giuseppe Verdi.

La letra original, por su parte, no mantiene la vigencia que sí logra su música, y ya en 1924, el tema estaba prácticamente olvidado. Es "Si supieras", de Pascual Contursi y Enrique Pablo Maroni, la que se instala de forma permanente, más allá del hecho de que debido a la falta de autorización de Matos Rodríguez para ponerle versos y un nuevo título a su composición diera origen a un juicio que se resolvió en 1948.

En 1924 Gardel graba esta nueva versión en Buenos Aires, y es así como la originaria marchita estudiantil se convierte en el tango más interpretado y grabado de todos los tiempos, con infinidad de arreglos y variaciones.

Con la mano en el corazón

90 ó 91 años después, argentinos y uruguayos siguen en pugna, pero no sólo por esos motivos.

La nota, con fuente en www.bbcmundo.com, aumenta el fango en la pista indicando el año 1997 como la fecha en que se declaró como "himno cultural y popular" de Uruguay, cuando fue el 2 de febrero de 1998 el momento en que se efectúa esa declaración, por resolución presidencial.

1997 ó 1998... 1916 ó 1917... Tacuarembó o Toulouse, todo sirve para pegarle el codazo a Uruguay, una ex-provincia argentina que se independizó... y a veces me parece que no hubiera sido lo más acertado.

Es indudable que no hay pueblos más hermanos que el argentino y el uruguayo. Y como hermanos, así se llevan. ¿Y qué hay de malo en eso? Hermanos en el idioma, como ningún otro pueblo hispanohablante, hermanos en sus costumbres y en su cultura y rivales desde el fondo de sus almas rioplatenses.

Se sabe que Buenos Aires es la Capital Mundial del Tango... ellos lo saben, nosotros lo sabemos, el mundo lo sabe.

Se sabe que el tango es rioplatense, ellos lo saben, nosotros lo sabemos, ¿el mundo lo sabe? Vamos a contentarnos con creer que el que está cercano al tango lo sabe. Porque también sabemos que la difusión que Argentina le ha dado al tango le ha valido para que el mundo crea que el tango es sólo de ella.

Se sabe que La Cumparsita es uruguaya, ellos lo saben, nosotros (por supuesto) lo sabemos. Pero con notas como la que leímos, en la que se compara una música cuyos primeros acordes representan en sí mismos todo el género tanguero, con un tango que lleva otro nombre, es querer ir un poco más allá de una simple (o compleja) rivalidad.

Decir que Argentina y Uruguay se disputan el tema como una suerte de himno nacional, haciendo referencia a que en la Exposición de Sevilla de 1992, la delegación argentina protestó porque Uruguay puso énfasis en el origen montevideano de la pieza, y que generó protestas por parte del gobierno uruguayo el hecho de que en el desfile inaugural de los Juegos Olímpicos de Sydney 2000 los deportistas argentinos hubieran marcharon al son de "La cumparsita", es enturbiar las aguas.

¿Qué esperaban? ¿Que tanto unos como otros nos quedáramos de brazos cruzados?

Aquí hay cosas bien distintas: el origen del tema y quien logró imponerlo.

Gerardo Hernán Matos Rodríguez, "el Becho", fue su autor, Ricardo Firpo le dio el impulso inicial a su fama y el inigualable Carlitos Gardel (que vaya a saber dónde fue que al final habría nacido, pero a esta altura, ¿a quién le importa?) llevó la letra de otro tango con idéntica música, Si supieras, a encumbrarse como el mayor éxito tanguero a nivel mundial.

La letra de Contursi y Maroni fue la que perduró, porque su nivel era mayor o, seguramente, porque El Mago la popularizó.

¡No le busquemos más el pelo al huevo!

Si La cumparsita fue una pieza olvidada hasta 1924 cuando se le puso la primera letra, es un anécdota.

Que al argentino Astor Piazzolla la haya considerado el como "el peor de todos los tangos", es otra.

Si nos vamos a concentrar en la pregunta "¿a quién pertenece La cumparsita?" no cabe más que una posible respuesta.

¿Qué tal si en vez de tratar de despojar al pequeño Uruguay de uno de sus grandes y verdaderos logros nos dedicamos a tirar en conjunto de este hermoso carro que es nuestra cultura rioplatense?

Letra de Gerardo H. Matos Rodríguez

I

La cumparsa
de miserias sin fin desfila
en torno de aquel ser enfermo
que pronto ha de morir de pena,
por eso es que en su lecho
solloza acongojado
recordando el pasado
que lo hace padecer.

II

Abandonó a su viejita
que quedó desamparada
y loco de pasión, ciego de amor
corrió tras de su amada
que era linda, era hechicera
de lujuria era una flor
que burló su querer
hasta que se cansó
y por otro lo dejó.

I bis

Largo tiempo
después cayó al hogar materno
para poder curar su enfermo
y herido corazón y supo
que su viejita santa
la que él había dejado,
el invierno pasado
de frío se murió.

III

Hoy ya solo abandonado
a lo triste de su suerte
ansioso espera la muerte
que bien pronto ha de llegar.
Y entre la triste frialdad
que lenta invade el corazón
sintió la cruda sensación
de su maldad.

I (PARA FIN)

Entre sombras
se le oye respirar sufriente
al que antes de morir sonríe
porque una dulce paz le llega
sintió que desde el cielo
la madrecita buena
mitigando sus penas
sus culpas perdonó.

 

 




 

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