
(Introduciendo a Pachorro)
Y sí... se tenía que dar... después de unas merecidas vacaciones, ¡comienza el año para todos los uruguayos!
El último ciclista ya ha llegado al Vel... ¡pará!... ¡pará!... mejor dejo que Pachorro te lo cuente, pero primero voy a presentarlo: Pachorro es nuestro periodista estrella, está en todos lados (que lo dejan) con su cámara sagaz y una perseverancia a toda prueba.
Para quienes tenemos la suerte de conocerlo, Pachorro viene a ser una mezcla entre Julio Pedemonte y "el Preso", con la hábil pluma de Minguito Tinguitella escribiendo pa' "La Voz del Rioba".
Decidido hasta límites insospechables, Pachorro había querido hacerse cargo del aspecto periodístico de Lo Bueno de Uruguay, por considerarse él, justamente, la persona más indicada. Su apodo, curiosamente, no tiene mucho que ver con la imagen que proyecta, pues siendo fanático de la puntualidad y habiendo siempre partido a sus compromisos con hooooras de antelación, aparentemente la fuerza de los hechos han justificado la certeza del nombrete.
Y una de las cosas que más contribuyó a ello ha sido cada año, precisamente, la llegada de La Vuelta Ciclista del Uruguay. Pachorro iba todos los años con su padre en una vieja cachila Chevrolet'29, a ver la llegada de "la Vuelta"; nacido en el glorioso Aires Puros, su corazoncito tiraba siempre para el Club Ciclista Amanecer, y reconocía desde muy chico la camiseta amarilla con las rayas finitas verdes, los mismos colores de Cerrito, barrios hermanos como Sur y Palermo, como Sayago y Peñarol... como La Teja y el Cerro. Bueno, los dejo con Pachorro:

"Mi abuelo había sido ciclista en sus años juveniles, y mantenía en espectaculares condiciones una hermosa Bianchi de media carrera, que usaba para concurrir todos los días a su trabajo. El ciclismo, entonces, desde mi más tierna infancia, ocupó lugares destacados".
Con el correr del tiempo, Pachorro quiso mantener la costumbre de ir todos los años a ver la llegada de la Vuelta, y mientras en vano trataba de descifrar qué demonios decía la letra de la marcha característica de la competencia (ésa que cantaba con poderosa voz un tenor permanentemente interrumpido por los relatos del periodista de CX18, Radio Sport) también en vano intentaba... ¡llegar a tiempo para verla!
"Si había algo rápido... pero rápido... era mi prima Mónica y los ciclistas llegando a Montevideo....¡Qué lo parió que corrían lo' jue'puta! Tenía la costumbre de prender la radio y sintonizarla en... ¡bah!... ¡Sintonizarla es un decir!... Porque que yo recuerde, me daba cuenta de que estaban trasmitiendo la Vuelta porque se escuchaba un siseo impresionante, una voz que iba y venía como si le estuvieran tratando de afanar el micrófono, hablaba como con una papa en la boca, y parecía que su dueño estaba, en vez de en una camioneta en la ruta, dentro de un aljibe de 3 kms. de profundidad...".
"¡Lindo!... ¡Lindo!... ¡Lindo!..." gritaba Záccara, o quien fuera el condenado que tenía la dicha de estar allí, mordiendo el polvo de nuestras rutas, junto a esos leones, a esos gallardos deportistas, a esas saetas multicolores agazapadas sobre sus bi-rodados parejeros. Y como fondo, el rugir de las motos, con sus pilotos enfundados en negras camperas de cuero, al igual que negros cascos, también de cuero, y con antiparras parecidas a las de los soldadores, también negras. Si Spielberg hubiera vivido una "vuelta", los hombres de negro no habrían vestido de traje. Pegados a ellos, los acompañantes, con dos ruedas de bicicleta en cada brazo y mirando atentamente a sus "pollos".
Y mientras... apareciendo y desapareciendo... algo que decía "... LUMINOSO... mhahshshhmmmx, llegando a Cardona... CON AMOR Y RECTITUD...con un tiempo de 2 horas, 10 minutos... mmsmsmms... SI HASTA LAS GLORIAS DEL DEPOR...mmmsmfmsmms... y nos acercamos al punto de embalaje... EL CORAZON Y LA JUVENTUD..." ¡Pa pa ra!... ¡Parapapá!... ¡Pa pa ra!... ¡Parapapá!... ¡Pa pa ra...! ... ¡Pa-ra-pa-pa-ra-pa-pa-ra-pa-pá!... ¡Fuiiiiiiii!... ¡Chin! ¡¡Pum!!

"Nos acercamos a la intersección de la ruta... con la ruta..."... y yo nunca sabía cuál era ninguna de las dos rutas, pero seguía atnetamente la trasmisión, esperando que dijeran a cuántos kms. se encontraban de Montevideo, al tiempo que apagaba la cocinilla, ponía el agua en el termo y le pegaba el grito a mi mujer: "¡Apurate, ché! ¡Que ya están llegando!". Es que mi mujer era tremenda pachorra, ¿vio? y nunca terminaba de levantarse... "¡Total!" -me decía- "... ¡nos la vamos a perder otra vez!"... ¡¡Y no había cosa que a mí me diera más rabia!! No por levantar falso testimonio... no... ¡lo peor era que tenía razón!...
Porque me acuerdo que una vez... que arrancamos tempranito, yo me había metido en Interné a leer el diario El País y ver por dónde venían... ¡Ah! ¡Porque eso es fundamental! Saber por dónde vienen... Porque si la cosa fuera todos los años igual, uno podría ir acumulando experiencia y mejorar sus tiempos cada vez. ¡Pero no! ¡¡Resulta que se les ocurre un año venir por acá y al otro por allá!! Y al otro año, que vuelven a venir por acá, no agarran las mismas arterias ni venas del otro año, sino que cambian el recorrido, y entonces, 'a la final', uno no sabe pa' qué lado atenerse..., con qué rumbo arrancar... ¡No hay derecho!
— "Ya me fijé en el diario" —le espeté sin asco. "Vienen por la Ruta 1, toman Blvr. Artigas todo derecho hasta el Velódromo... Podríamos ir a los cuernos de Batlle".
— "¡Ah, no!" -me dijo- "No es por nada, pero yo no lo voté, y menos ahora voy a pararme enfrente para ver la Vuelta".
— "¡Pero no digá'pavada, no digá...! ¿Qué tendrá que ver?" —lancé retóricamente... "Pero bué..., si no queré... vamo' hasta donde está el Pedro Poveda, en Bulevar y Burgue'...". Y hacia allá marchamos... "La Spica no tiene pilas, así que vamo'a preguntarle a alguien... ¡Está lleno de gente con la radio en la oreja! ¡¡Alguien debe saber!!".
O nunca encontrábamos a nadie, o a los que encontrábamos no sabían. El hecho es que nunca nadie nos pudo cantar la justa, como Jorgito.
Ya eran pasadas las 11 cuando partimos raudamente, pero tuvimos que volver porque nos habíamos olvidado de los bizcochos... Al pasar revista, cantamos, ¿mate?... tá.... ¿termo?... ¡tá!... ¿bombilla?... ¡tá!... ¿chocobiz?... ¡tan!... ¿gorritos?... ¡tan!... y los íbamos pasando para el otro lado de la mesa, pero al irnos, cada uno agarraba algo y se ve que la cantidad no era par, o sea que no era múltiplo de las dos manos con que contaba cada uno... y la bolsa de los bizcochos se quedó en el medio. Luego, por más que discutiéramos que los tenía que haber agarrado uno, pero que ése estaba con otra cosa en la mano, de todas maneras tuvimos que pegar el frenazo y perdimos valiosos minutos que nos costó recuperar en la etapa.
Parece que ya estaban por la zona de reaprovisonamiento... pero ¿dónde caracho sería?... de todas formas no era para preocuparse porque si se estaban reaprovisionando debían estar bastante lejos. Yo no sé si estos desgracidos comen hasta último momento o se tiran toda el agua de la caramañola encima y necesitan más, pero parece que se reaprovisionan a cada rato... El asunto es que estaban más cerca de lo que creíamos.
Llegamos al lugar y nos ubicamos espaciosamente... bastante espaciosamente, diría yo... Es que recordaba que en mi niñez, cuando con la cachila estacionábamos por Propios y la rotonda de Gral. Flores, la calle estaba hasta la jeta, y yo a veces me subía arriba del techo de la cachila para ver mejor... Ahora me llamaba la atención que no hubiera tanto público...
— ¿Qué hora tenés? -pregunté, preocupado.
— 11:42 tengo —me respondió mi mujer— ¿Querés un dulce o un salado?
— ¡Salado está esto! ¿No te parece que hay muy poca gente?
— ¡Y sí!... ¿Vos estás seguro de que venían por acá?
Pa'hacerla corta, parece que ese año había habido un cambio de último momento y en vez de tomar todo Bulevar, doblaron en Agraciada, no sé si pa'cortar camino o qué, pero el asunto es que ese año tampoco pude ver la vuelta.
¡Claro! Esa vez nada tuvo que ver la velocidá... cosa que sí había influido el año anterior, y el otro... y el otro. Porque parece que cuando uno escucha que están cruzando el puente de Santa Lucía, se hace la idea de que queda un toco todavía por correr, pero esos endemoniados meten pata como locos, y cuando querés acordar los tenés encima, y si no te apuraste a mirar... ¡zás!... ¡ya pasaron!
Esos son los tiernos recuerdos que tengo de los años 93, 94 y 98... En el 95, nos dormimos y cuando prendí la radio ya habían entregado los premios; en el 96 me calenté porque no había gas para calentar el agua y de bronca, nomás, no fui. Es más... ni la desperté a mi mujer hasta las 3 de la tarde cuando se despertó solita, porque se le había agotado el sueño, parece.
En el 97... ¡casi los agarro! Pero cuando estaba vitoreando a los punteros, un viejo de pantuflas me toca el hombro y me dice: "¡Mire que esos son los rezagados! ¡Los punteros son ésos que vienen de vuelta en el camión!... Van a festejar al clú...".
Mi ánimo se desplomó por el suelo y juré y perjuré que nunca más iría a ver la llegada de la Vuelta.
Pero... ¿vio cómo es?... Uno es yorugua y no puede contra el grito de la sangre... Así que me los he venido perdiendo (¡pero por poquito, ¡eh?!) desde el 99 hasta este año en el que... ¡por fin!... ¡me levanté con tiempo suficiente para cubrir el evento para Lo bueno de Uruguay!
Ahora, resulta que también tuve problemas... Porque si bien me levanté muy temprano, preparé el agua, apronté el mate y salí como luz mala hacia el Velódromo, la sangre se me heló en las venas al ver... ¡que no había nadie!
¡¡NOOOO!! ¿Qué fecha es hoy? (fue lo primero que se me ocurrió) A ver si todavía resulta que puse el despertador para el lunes y me lo perdí... Pero no, había gente en el Piana (vaya a saber con qué partido) así que debería ser domingo... Es que hay para todos los gustos acá... hay quien prefiere ir a ver el fútbol... otros a la Feria de Tristán Narvaja, como el flaco Canugi, con quien me encontré el sábado, pero pará que después te cuento... hay quien prefiera el Prado... o la Roosevelt... hasta debe haber quien mire Punto Penal para enterarse de todos los detalles... Yo siempre digo, que Punto Penal, o Estadio Uno... y todos esos programas son como el "Intrusos" de la farándula futbolera, y los Moar y los Sánchez Padilla de nuestro medio vienen a ser como los Rial y los Ventura de la vecina orilla, siempre atrás del último correveidile, del último chusmerío...

En fin... les decía que me encontré con Canugi en el Bar de Vida, el sábado pasado (vísperas de Fin de Año, vendría a ser)... y fijamos ese punto para celebrar un reencuentro que se venía postergando desde el 2000, fecha en que nos conocimos. Mails fueron... mails vinieron... hasta que el jueves o viernes, suena el teléfono y una voz profunda, escuetamente me dice, "Soy Claudio Núñez Giordano"... y me lo largó así con los dos apellidos, como que por un lado no quisiera que lo confundiera con una empresa de transporte interdepartamental y por el otro, algo así como que choluleando con un apellido materno que se las trae todos los veranos en Punta... Tuve que poner mi mente a mil para saber de dónde miér...coles me sonaba tan conocido ese nombre, hasta que por fin se me iluminó la cucusa y pude establecer la asociación milagrosa. "¡El del foro! ¿Qué hashé, vo'? ¿cuándo no' vemo'?"
Y bue..., fuimos y vinimos entre fechas, horas, agendas, compromisos (¡parecíamos Ministros!), hasta que al final quedamos en encontrarnos en el mítico lugar del Prado, pa'tomarnos una... o dos... Todo bárbaro hasta que nos sentamos y Claudio pidió... ¡un café!... ¡¡Páhhhh!! ¡Se me cayó el alma al piso, te digo la verdá! Que era muy temprano, que estaba muy frío, que esto, que lo otro, que patatín, que patatán, al final terminamos tomando un café. ¡De no creer, Claudio, que no se diga! (No te preocupes que esto queda entre vos y yo, ta' todo bien, con los años uno tiene que empezar a cuidarse y no vamo'a andar buchoneando, ¿no?).
Bueno, ¿en qué iba?... ¡Ah!... sí... ¡¡¡Que no había nadie en el Velódromo!!! ¿Podés creer? Y empecé a dar vueltas, agarré por Ricaldoni hasta la fuente, subí por esta... esta... ¿cómo se llama ésa del costadito del Hospital Italiano?... Morquio es la del medio, la ancha... Lord Ponsomby la que está del otro lado, del Pereyra Rosell, pero ésta otra de acá... ¿cómo es?...bueno... no me acuerdo... ya me va a salir...
Te decía que subí hasta Bulevar y vi dos agentes de tránsito al lado del semáforo del Obelisco... así que paré el auto, ya confiado. Igual me sentía un poco estúpido como para estar ahí y no saber por dónde venía la vuelta, así que simulé un acento extranjero y les pregunté: "Esquius mi, ¿por dónde venir couredores de Vuelta Biciclística de Ourugoay", seguro de que con eso crearía una coartada para mi ignorancia... No sé si fue por mi indumentaria, o por mi cara de gil... o porque tenía el mate en la mano y el termo bajo el brazo, pero me miraron con cara de "¿y este nabo?" y me dijeron que venían por 18, que tomaban por Bulevar hacia abajo hasta Canelones que era donde estaba la meta.
Sin disimular su risa se dieron vuelta y continuaron hablando de sus cosas, y yo me dirigí de nuevo al auto y di una vuelta para despistar y no quedar más en evidencia, así que agarré por Bulevar al Norte hasta Garibaldi, di la vuelta a la derecha, bajé por Albo hasta el Parque Batlle, tomé de nuevo Ricaldoni, circunvalé el Estadio, pasé por el Polígono de Tiro, por frente al Piana, que todavía no había terminado el partido, y salí del otro lado, para agarrar Ponce y dar justito en Bulevar y Canelones. ¡A papá mono con bananas verdes! ¡Seguro que ni se dieron cuenta de que era uruguayo!
Poca gente todavía... dubité un instante... pero estaba claro que el lugar era ése... Había un vallado y un tremendo pasacalle que decía "META"... ¡Y yo metí!... ¡Total! Todavía era temprano... Pero un pitazo descomunal me ensordeció y otro agente del orden del tránsito se me acercó y me dijo que no podía pasar, que tenía que doblar por Charrúa. Pedí disculpas con acento francés y puse marcha atrás, aunque vi en el rostro del agente una expresión de asombro mayúsculo, quizás al ver la volcadura del mate en mi entrepierna, producto de la intempestiva frenada, y me sugirió que no tomara mate mientras conducía. "¡No, oficial! Es que se zafó del enganche", le dije mostrándole esa especie de matera de alambre especialmente diseñada para llevar en el coche; doblé y me estacioné.
Bajé con la seudomatera, el portafolios, la cámara, las llaves, todo en la mano, y ahí comienza, o continúa, este periplo. Primero decidí que la matera alambrada del mate será muy buena para el auto, pero no sirve para andar acarreándola, así que abrí la valija y dejé todo allí. Había tomado 3 mates, uno se me había volcado en mis fueros íntimos y cuando volviera ya estaría frío, así que, como todos los años, lamenté haberlo llevado.
Busqué una posición cómoda y despejada, considerando que lo que era cómodo y despejado a esa hora no lo sería cuando llegaran los ciclistas así que fui y vine como 10 veces de un lado hacia el otro estudiando la situación. En determinado momento alguien me toca el hombro y me dice: "¿Me cuidás un ratito el lugar que ya vengo?"... No me lo preguntó... ME LO DIJO, casi como que me lo ordenó y entonces lo miré fijo a los ojos y le dije: "¡Cómo no!"... aunque después me quedé pensando en lo que haría si alguien intentaba agarrar el lugar del tipo.
Ya me imaginaba como un estúpido argumentando... "No... escuche... el lugar es de un señor que..." contra quienes me mirarían indiferentes, así que recé porque el tipo volviera rápido porque de hecho, ya un señor viejo, una señora gorda y dos nenes saltones se habían acomodado en el hueco que había dejado el tipo. "¡Ma sí!... ¡Yo me voy, y que se arregle!", fue lo primero que pensé pero después, considerando que con mi conjunto deportivo azul bolita, mi bolso y la cámara, era más visible que una mosca en la leche, fija que el tipo me iba a ubicar después, así que me quedé, tratando de ocupar el máximo lugar posible junto al vallado; por suerte volvió enseguida, pero como el lugar ahora no alcanzaba para todos tuve que decirle que... se quedara con mi lugar, nomás, que yo me iba a buscar otro con mejor vista.
Me puse a pensar que... ¡¡Canning!!...¡Canning se llama la calle!... ¡¿Cómo cuál?!... ¡Esa que te dije que no me acordaba!... la del costadito del Hospital Italiano... ¡Yo te dije que ya me iba a salir!
Te decía que me puse a pensar, que sería tremendo embalaje desde Bulevar y Rivera, cazando la bajada hasta Canelones. En chivas de carrera y con profesionales arriba que habían puesto promedios de más de 50 km. en la hora durante etapas anteriores, no dudé de que cruzarían la meta como a 70... No quiero reconocerlo, pero también se me cruzó por la mente ¡que una caída iba a provocar una tole-tole que ni te cuento!
"¡Ya se oyen las sirenas!"... diría Ulises a sus marineros... y un instante después las motos pasaban como bólidos "abriendo cancha". Ahí fue cuando me di cuenta que en este país todo va al revés, porque después que yo me había ubicado perfectamente en uno de los lados de Bulevar... la caravana pasa por el otro lado... ¡a contramano!... ¡NO, hermano, no! ¡¡Estoy acá desde hace una hora y me los vuelvo a perder!!
Decí que me enteré que iban a dar 4 ó 6 vueltas por el mismo sitio... Se ve que como no entraban al Velódromo, a los ciclistas les habría agarrado como nostalgia y habrían pedido dar unas vueltitas.
Así que no estaba todo perdido, iban a ir hasta el Parque Rodó, dar la vuelta y venían hasta Blvr. y Canelones, daban la vuelta y enfilaban de nuevo hacia el Parque, así hasta que al final darían la carrera por finalizada... ¡quedaran los que quedaran!

Estaba buena la idea, pero complicada, porque Ud. sabe cómo somos los uruguayos.... cada vez que venían los punteros, desde el Parque Rodó hacia "arriba" y pegaban la vuelta en "U" en Canelones, los que los habían visto "de acá" cruzaban Bulevar hasta el cantero para verlos de nuevo "de allá", y esos cruces se realizaban entre medio de las motos, del pelotón que venía persiguiendo, las camionetas, las promotoras de CTI, los móviles de los canales de televisión... ¡Una fiesta, mire!... Todos a contramano, todos entreverados, en una mezcla de colores, camisetas de corredores y batones de señoras mayores, niños con banderitas, madres detrás de sus niños, perros con sus dueños..., todos corriendo ágilmente hacia el otro lado esquivándose unos a otros...

Y al final se dio... ¡llegaron!... La calle ya era un resbaladero de mocos que los ciclistas dejaban al pasar, con su clásica sonatina carretera, y encima con la vuelta en "U", a algunos los agarraba las fuerza centrífuga y quedaban colgados de los semáforos, de los árboles y del monumento al león, así que en determinado momento, parece que dijeron, ¡Basta! ¡Pido y no juego más! y el que había llegado primero, fue proclamado ganador.
El público se abalanzó sobre él, junto con los periodistas acreditados y otros que no podían dar crédito a sus ojos. Miles de pies pasaron sobre los míos, también algunas ruedas; miles de codos se enterraron en mis costillas, pero yo, ¡como que dejo de llamarme Pachorro si no le saco una foto a aquél que abrazan todos!

¡Y encima es del Amanecer!... "¡¡Vamo'arriba el Amanecer, nomá!!... ¡Já!... ¡Chupate ésa, gil! ¡Calentito quedaste, ¿eh?!" —le grité a uno del Alas Rojas que cuando tiró el brazo pa´trás pa'embocarme, la multitud se lo engulló y no volví a verlo más...
Y me abalancé entre medio de todos, a los codazos llegué para alzarme con la foto primicia. Me saqué un inflador de la boca y esquivé una tacuara que hacía de mástil para una bandera y disparé... disparé... disparé... y empujé para no perder la posición lograda, hasta que uno con una cámara de VTV me dijo que me estara quieto que estaban entrevistando al ganador.
¿Cómo se llama el pibe? La esposa llora, tiene un micrófono cerca de la campanilla y un cronista le está preguntando qué siente... ¡Y qué va a sentir, abombao!... ¡¡Una emoción tremenda y unas tremendas ganas de mear, digo yo!! Lleva horas montao en la chiva... Y encima la esposa llora y lo abraza y lo besa... "No me apretés que no aguanto más", debe estar diciendo el pobre.
¡Qué lucha! Después le saqué unas fotos a otros, y creo que le acerté a ese que dice que el año comienza, ¿viste? Ese que instauró el dicho de que el año comienza cuando el último ciclista llega al Vel... digo... cruza la meta de la Vuelta Ciclista del Uruguay.
Pachorro
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