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Bailar el tango

por Pachorro

Ya sea que Ud. se considere un simpatizante del tango o haya crecido escuchando Radio Clarín, "Música típica y folclórica para la cuenca del Plata"; ya sea que apenas no le desagrade escuchar el tango, sólo lo soporte o hasta que lo deteste, existe un sentimiento de placer en la contemplación de una pareja bailándolo.

No importa si se trata de Tango de Escenario, también llamado "Tango For Export", o de Tango de Salón, el que tantos practican, como muchas otras danzas de pareja, el tango es, simplemente, un gran espectáculo.

Tan es así, que tarde o temprano a Ud. le va a picar el bichito de pisar una pista de baile y "enredarse" en cortes y quebradas al compás del bandoneón... ¡Créame!... Porque...

...¡a mí me pasó!

En un momento de mi vida me encontré con unas ganas terribles de aprender a bailar el tango. Teniendo en cuenta que mi pareja ya lo bailaba, me pareció una excelente idea tomar clases y darle una sorpresa.

Las cosas no resultaron del todo como yo esperaba, pero ese es otro tema y que no viene al caso... Bueno, ¡ya sé que Ud. quiere saber!... Se la hago cortita: fui a aprender, me enseñaron unos pasos que me fui aprendiendo de memoria... 1... 2... 3... 4... una vueltita... chin... pám... púm... ¡listo! Ya ni recuerdo cuánto tiempo duró el "curso", pero evidentemente no fue suficiente.

Creo que después de la sorpresa de mi pareja cuando una vez la saqué a bailar (en casa, por supu... no vaya a ser que pase vergüenza), todo se fue disolviendo, no salimos nunca "a bailar por ahí", nunca más practicamos y no pasó de lo anecdótico.

Ahora, retrospectivamente, me doy cuenta de que no era mi momento para con el tango.

El tiempo pasó y las vueltas de la vida me llevaron a conocer a Roberto Méndez, conductor de Ciudad de Tango, Los Favoritos (antes, ahora "Ciudad de Tango Radio") y posteriormente "Tangos a Media Luz", en una etapa de mi vida en la que hacía ya unos años que "me había percatado" de que escuchaba tango por placer. El día que me invitó a su programa, saltó una especie de disparador interno.

Desde ahí, no me he vuelto a separar del tango... ¡no digo que lo escucho de mañana y de noche!, pero sí reconozco que estoy pendiente de lo que ocurre en nuestro medio, cosa que lamentablemente no ocurre con una parte importante de nosotros, al punto de desconocer por completo esa viva parte de nuestra cultura.

Y como era de esperarse, después de ver y admirar a muchos bailarines que despertaron una gran y sana envidia, el momento de verdad llegó el día que recibí el anuncio de que Laura Legazcue comenzaba un nuevo grupo. Hay quienes creen que nuestro futuro está escrito mientras que otros sostienen que uno forja su camino; a esta altura ya no sé qué pensar, porque el anuncio "cae" en mi Bandeja de Entrada cuando yo ya no podía aguantar más las ganas de aprender a bailar...

Ya había tenido contacto anteriormente con la gente de Siglo XXI, Adriana Enebú y Jorge Galati, en la Explanada de la Universidad, y luego en su academia de tango, y había conversado en varias oportunidades con Marcel Ramírez y Elizabeth Marone (Malajunta), primero en la Plaza de Comidas de Tres Cruces y después en la Fiesta Uva, Vino y Tango en Las Piedras, pero ¿qué le vamos a hacer?... las cosas se dieron así, "redepente", como decía Catita... y de deambular por La Morocha, por Tabarís, por Aranjuez, tomé al toro por las astas... ¡y encaré!

¿Cómo es aprender a bailar el tango?

Es difícil explicarlo, pero empecemos por el principio... (que después de todo, es un excelente punto para empezar a hacer las cosas).

Hay algunas sutilezas para considerar antes que nada, y es que uno puede ser una persona "agraciada" en relación a la danza en general... ¡o puede ser como yo!... Así que váyase haciendo una idea de cómo viene la mano...

Si Ud. resulta ser una persona común y corriente (digamos que los demás no lo catalogaban generalmente como "tronco"), aprender a bailar el tango es una tarea apasionante y divertida.

Pero si Ud. es "de los míos"... entonces aprender a bailar es una tarea apasionante y divertida... ¡¡para los demás!! Pero uno no debe desanimarse, hay que ir contra viento y marea, hacer los ejercicios, y mantenerse practicando cada vez que pueda, hasta que llega un momento en el que... ¡oh!... ¡Ud. está bailando tango!

Las clases con Laura

Una de las cosas fundamentales que todo profesor debe tener para ser considerarse bueno, es ponerse en todo momento en el lugar de los alumnos, esto es decir, entender que el pedestal en el que los demás lo tienen ubicado, es sólo para el escenario y para su vida profesional.

La soltura con la que un bailarín transita la pista no puede aprenderse de un día para el otro... ¡no seamos ilusos! La habilidad está en ir llevando a cada alumno, a su propio ritmo, al nivel deseado. Y Laura (muy a nuestro pesar), se lo propone y lo logra.

Aparentemente hay una virtud destacable y es la terquedad de Laura en querer hacer las cosas de la única forma posible: la correcta. Todo eso en contraposición con nuestra propia terquedad en hacerle la vida imposible y mover el pie derecho cuando hay que mover el izquierdo y tonterías como ésas.

Tengo que reconocer que desde el primer momento, mi gran intriga era cómo algo que, visto desde la distancia, era tan complejo, podía desarrollarse naturalmente, sólo con sutiles indicaciones... La clave estaba en movimientos con nombre propio, como "cambio de peso" y "disociación", que primero son mostrados, luego repetidos, corregidos, recorregidos, seguidos, perfeccionados por una constante Laura que está siempre en todos lados... ¡Una marca en toda la cancha!

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